Es toda una experiencia ver como un trozo de madera con cuerdas se convierte en un instante en algo orgánico, en un miembro más del violinista, como su sangre empieza a fluir por las venas del instrumento fundiéndose en un sólo organismo. Nunca había visto una simbiosis igual.

Es algo mágico y absolutamente recomendable, aunque advierto que puede ser peligroso. Yo, desde la primvera vez que le oí en directo en Guaro, en el festival de la Luna Mora, tengo la cabeza llena de música de violín y no pienso en otra cosa que en volver a asistir a esa transmutación sobrenatural que se produce cada vez que este hombre pulsa las cuerdas de su instrumento. La úiltima vez ha sido, además, en mi adorada Granada, en un auditorio en el sacromonte con la trasera del escenario de cristal tras el que se divisa la Alhambra. ¡una auténtica pasada!

Yo me alimento de esos ratitos de belleza sublime. Son como una joya preciosa que guardo en mi memoria y que recuerdo muchas veces, cuando lo necesito. Mi vida es bastante prosaica y doméstica; no es que no me guste, todo lo contrario, pero conciertos como los de Ara Malikian me transportan a otros mundos y me hacen volar muy,muy lejos... Ya estoy sólo pensando en la próxima vez, que creo que va ha ser muy pronto...